
Nombre, apellidos, edad, sexo, estado civil, dirección de correo… estas son algunos de los datos requeridos para la creación de una cuenta de cualquier tipo de red social. Datos que el internauta proporciona de manera gratuita a las empresas, ya no solo con las redes sociales sino al darse de alta en cualquier tipo de servicio en Internet.
Siempre aceptando sin leer las condiciones legales, ansioso por conseguir por fin darse de alta para estar al mismo nivel que su entorno. Pero, ¿sabemos a quién estamos dando acceso a nuestros datos?, ¿para qué los utilizan o pueden llegar a utilizarlos?. Luego nos quejamos de los emails de publicidad que recibimos pero ¿acaso no hemos facilitado nosotros mismos nuestra dirección de email?
Y no solamente a través de las altas sino de las redes sociales, las cuales proporcionan a cualquier internauta normal o hacker el acceso a nuestras vidas, entorno, gustos, historias… una vida publicada en un papel virtual, una historia a través de fotos.
Todo esto genera consecuencias que pueden ser muy negativas para la sociedad, desde ser un perfil la representación de lo que a una persona le gustaría ser, hasta el aumento de la perversión y machaque psicológico de los consumidores de estos servicios, por no mencionar los numerosos casos que se han dado de violaciones y asesinatos que se han cometido por personas obsesivas que han conocido por internet a “sus sueños”.